fbpx

Hacia donde dirigimos nuestra atención, hacia allí se dirige nuestra energía. Cuando nuestra mente está dispersa, la atención se desvía continuamente y lo mismo sucede con la energía, se dispersa, se drena en todas las direcciones, hacia el pasado, hacia el futuro o hacia otros asuntos, ideas y emociones. En muchos casos, todo esto es un ruido mental, sin formas muy claras, sin una dirección precisa, como una maraña que da la sensación de algo de lo que es difícil salir, y allí se refuerzan las ideas negativas, los sentimientos de incapacidad, de “no poder” lograr algo, y una ausencia casi total de posibilidades. Energéticamente, esto se relaciona con el bloqueo, el estancamiento, la repetición de una sensación de cansancio o aburrimiento, donde las rutinas y los hábitos poco saludables son frecuentes, la vitalidad y el deseo de explorar la existencia se encuentran en un nivel bajo.

Aunque la descripción anterior puede parecer una imagen extrema, la experiencia de muchas personas está marcada por esta tendencia, pues se acostumbran a este estado de poca conciencia, más o menos fuerte, más o menos recurrente, pero comienzan a aceptarlo como si fuera algo natural y normal, permitiendo inconscientemente que sea la forma en que transcurre su vida y se van acercando a la muerte.

La alternativa consiste en reunir de vuelta la energía que se ha dispersado. Para lograrlo, es necesario desbloquearla, permitir que recupere su verdadera naturaleza que es fluir en un estado dinámico, cambiante y adaptable según las diferentes situaciones y momentos de la vida, disfrutándola más plenamente y transitando de forma enriquecida hacia el final natural de su ciclo, la muerte. Es posible convocar este propósito a través de la mente, de la atención, observando los pensamientos, emociones y todos los asuntos que habitan en el espacio interior, y poco a poco ir soltando y disminuyendo los ruidos y todo lo relacionado con el pasado y el futuro. Estar presente llama de vuelta la vitalidad.

Un aspecto crucial en este proceso, es no juzgarse a uno mismo. Cuando una persona se juzga a sí misma, está entrando en uno de los patrones que más disminuye su propio poder, asume un rol de ser su propia enemiga interna, que se alinea con todas las presiones y dificultades que existen en el mundo exterior. En lugar de juzgarnos por nuestros pensamientos y emociones, se trata simplemente de permitir, aceptar y soltar. La respiración y el movimiento del cuerpo ayudan mucho en este proceso, para aportarle un ánimo fresco, tranquilo y gozoso. Mucho más cercano al afecto hacia uno mismo y la gratitud por la oportunidad de vivir la vida que nos ha correspondido vivir.

Para darle impulso a este propósito, es clave conectarse con el estado de presencia de la mente, practicando movimientos, respiraciones y formas de meditar para hacer fluir, juntar de vuelta y poner disponible nuestra energía. Y así poco a poco, con un ritmo paulatino y con absoluta determinación, recuperar la sensación de vitalidad que es nuestra herencia natural.

Próximamente estaremos publicando más información del programa Being Energy® (en español Ser Energía), que aporta herramientas prácticas que pueden ponerse al servicio de la salud de las enfermeras y enriquecer su práctica de cuidado de los pacientes que tienen a cargo.