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La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2006 un estudio que hacía un perfil comprensivo del talento humano en salud a nivel mundial, incluyendo sus condiciones laborales, roles, demografía, y la inversión en el personal de salud. El estudio además incluía un análisis de si el talento humano en salud existente bastaba para satisfacer las necesidades presentes y futuras de la población mundial. La conclusión, fue que existía una escasez de personal de la salud que, si bien era más acentuada en áreas como el sudeste asiático y África subsahariana, se extendía al mundo entero. Una de las principales sugerencias del reporte de la OMS, fue invertir en el sector salud para incrementar la cantidad de enfermeras y enfermeros. Sin embargo, trece años después, la escasez de profesionales de enfermería continúa.

El contexto Global

Los países de Europa y de América del Norte reportan las mejores cifras en relación con la proporción entre la cantidad de enfermeras y enfermeros y la cantidad de habitantes. Por ejemplo, Canadá cuenta con un promedio de 98,4 profesionales por cada 10.000 habitantes, y la media de los países de la Unión Europea cuentan con 88 profesionales por cada 10.000 habitantes. Otro país que cuenta con una población de enfermeras(os) robusta es Australia, con aproximadamente 140 por cada 10.000. Sin embargo, a pesar de que los gremios de enfermería de estos países se encuentran en la mejor situación a nivel mundial, la OMS estima que la cantidad de profesionales con que cuentan no es suficiente para suplir las necesidades actuales y futuras de las poblaciones de sus respectivas poblaciones.
Al igual que hace más de una década, África sigue presentando los problemas más álgidos, con casos como el de Somalia, donde existe menos de 1 enfermera(o) por cada 10.000 habitantes, y el de Gabón, que reporta menos de tres. Sin embargo, también existen países africanos con mejores cifras, como Ghana con 9,2, enfermeras por cada 10.000 habitantes, y Botsuana con 27,3, lo cual evidencia que la inequidad en la distribución del talento humano en salud prevalece en el continente.

Imagen tomada de:The world health report 2006: Working togeather for health. World Health Organization, Geneva.

Imagen tomada de:The world health report 2006: Working togeather for health. World Health Organization, Geneva.

 

El Contexto Local

El análisis del contexto colombiano muestra que, si bien ha habido progresos entre 2006 y 2018, los cambios son a todas luces insuficientes. La escasez de personal de enfermería que vivimos en el país es, de acuerdo con algunas métricas, crítica, y de acuerdo con otras, al borde de ser crítica.

El número de enfermeras registradas pasó de 6,3 por cada 10.000 habitantes en 2006, a 10,8 por cada 10.000 habitantes en 2018, sin embargo, actualmente sólo 8,5 de esas 10,8 desempeñan labores de atención de la salud humana y de asistencia social en el país. Estas cifras nos ponen por debajo de otros países de las Américas con un PIB comparable al nuestro como Perú, que cuenta con 13,5 enfermeras por cada 10.000 habitantes, e incluso de países africanos como Botsuana, que tiene un PIB muy inferior al colombiano.
El número de personas que se gradúan de enfermería cada año aumentó en un 54% entre 2006 y 2017, subiendo de 2.163 a 4.015, lo cual significa que la base de profesionales de enfermería empleables aumentó. Sin embargo, aún con este incremento, anualmente se gradúa menos de una profesional (aproximadamente 0,88) por cada 10.000 habitantes. Es más, dado que la inversión en la educación pública no ha incrementado en la misma proporción que el número de estudiantes, queda abierta la pregunta de si la formación que estas profesionales de enfermería reciben actualmente, cumple los estándares de calidad que requiere el cuidado de la salud de la población.

Sumadas a la escasez de personal de enfermería, la inseguridad laboral asociada a la corta duración de los contratos, la inestabilidad que genera la excesiva rotación del personal, los bajos salarios y la sobrecarga laboral, son factores que afectan no sólo a las enfermeras, sino que también ponen en riesgo la seguridad de la población general. Diversos estudios académicos reportan que todos estos factores redundan en el empeoramiento de la calidad de los servicios de salud.
Concretamente, se ha identificado que la escasez por insuficiencia de profesionales de la salud afecta negativamente las tasas de mortalidad materna, y el promedio de días que los pacientes deben permanecer hospitalizados, la incidencia de paro cardiorrespiratorio y la incidencia de las infecciones derivadas de las atenciones en salud. De manera inversa, se ha encontrado que un número adecuado de profesionales de la salud presenta una asociación positiva con la cobertura de la inmunización, el alcance de la atención primaria, y con la supervivencia materna e infantil.
Considerando la importancia de contar con suficiente personal de enfermería en la atención, y teniendo en cuenta que las cifras en Colombia reportan menos de 1 enfermera para atender la salud de 1.000 personas, se hace evidente que se debe tomar medidas drásticas para atender las necesidades en salud del país.

Reflexión

Cuando en Colombia la situación de la enfermería es aún más problemática que en países con economías menores a la nuestra; cuando en Colombia las condiciones laborales forzan a las profesionales a emigrar en busca de oportunidades dignas; cuando en Colombia no tenemos sino sólo 0,85 profesionales de enfermería que desempeñan labores de atención por cada 1.000 habitantes, las preguntas que debemos hacernos son:

  • ¿Qué estamos haciendo para cambiar esta situación?
  • ¿Es esto suficiente?
  • ¿Qué debemos hacer para transformar el actual estado de cosas?

En países de otras latitudes, donde no hay 8,5 enfermeras por cada 10.000 habitantes como aquí, sino 53, 88 y hasta 140 enfermeras por cada 10.000 habitantes, la población civil y las organizaciones de enfermería se han movilizado para reglamentar el máximo de pacientes por enfermera. Estas luchas han tenido el objetivo de combatir la sobrecarga laboral que suelen experimentan las enfermeras, y que atenta contra la seguridad de la población. Ahora bien, el objetivo de este artículo NO es proponer que tomemos las mismas medidas que se tomaron países con políticas más progresistas, porque cualquier cosa que hagamos en Colombia debe derivar de las características específicas de nuestra realidad social, política, económica y geográfica. El punto de este artículo es llamar al siguiente ejercicio de análisis crítico: 

Si la población civil y las organizaciones de enfermería de otros lugares se han unido para luchar por su salud y por su gremio de enfermería, aun cuando estas se encuentran en una posición privilegiada, ¿tenemos los colombianos alguna excusa para no movilizarnos con la misma contundencia en pro de nuestra salud y nuestro gremio de enfermería, dada la persistente crisis de enfermería y salud en el país?

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Boletín 02 OCE

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